El periodismo ha sido arrinconado a los comentarios y opiniones desenfadadas de locutores, conductores, panelistas y periodistas (que no es lo mismo) que se confunden con analistas, politólogos y activistas políticos ante las cámaras.

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 03/11/2026. Es probable que hoy en día cada vez más gente vea televisión por streaming, Youtube y otras plataformas, pero aún subsiste el tradicional televidente de canales abiertos, que ni siquiera tienen acceso a Cable. Es la que más sufre con la uniformidad, la parcialidad de las informaciones y la homogeneidad de esquemas para la diversión, el turismo, la gastronomía y la “cultura” disfrazada en espacios insulsos y sin sentido.
El periodismo ha sido arrinconado a los comentarios y opiniones desenfadadas de locutores, conductores, panelistas y periodistas (que no es lo mismo) que se confunden con analistas, politólogos y activistas políticos ante las cámaras.
Las pautas diarias de prensa -coordinadas desde El Mercurio, Canal 13 y radio Biobío- se distribuyen en todas las emisoras con su mensaje sensacionalista, individualista, consumista, morboso y ramplón con que probablemente conquistarían rating y publicidad.
El problema es básicamente cultural y ético. Conocer, aquilatar, definir y tomar posturas ante los acontecimientos exigiría mayor y mejor cobertura periodística y convencer o asumir como verdades ciertos hechos que bien pesquisados y relatados demandarían mayor profundidad, exactitud, veracidad y confianza, características de las cuales carece hoy en día el trabajo noticioso de los canales de televisión en nuestro país.
La repetición de imágenes de archivo y las coberturas tendenciosas convierten a las “informaciones” entregadas por medios audiovisuales en mensajes equívocos, interesados y proclives a la reafirmación de una realidad paralela que sólo le interesa al mensajero y no al receptor del mensaje. Por ello escuchamos agradecimientos entre lectores y reporteros y la rotunda afirmación: “Hemos quedado absolutamente informados”.
No hablamos sólo de contenidos políticos, sino también de atisbos culturales, de entretenimiento y de arte o lo que se entienda como tal. La mediocridad, la carencia de creatividad y los intereses creados contribuyen a la uniformidad del mensaje y a la hegemonía del pensamiento desde los medios de comunicación.
La idea sería no ver más televisión, desconocer valor a las imágenes y sonidos que entrega este medio, pero ello sería también desconocer una realidad. Las noticias que propalan los canales son “verdad”, aunque antojadizas, interesadas, tendenciosas.
Los televidentes no son objetivos y no parecen dispuestos a aceptar cualquier mensaje. Es el caso de la “violencia” publicitada hasta la saciedad en caso de manifestaciones públicas de protesta, donde los canales recurren hasta imágenes de archivo para ilustrar acontecimientos demandantes. El derecho humano a la comunicación exige veracidad, exactitud y confianza, tres características esenciales de las que carece el periodismo televisivo actual.
La televisión abierta, el Cable, streaming, Tiktok, podcast y cualquier otra plataforma digital carecen hoy en día de la más mínima credibilidad por sus compromisos políticos y publicitarios con el poder real. El mensaje unívoco de estos medios conducirá tarde o temprano al descrédito y la búsqueda de fuentes más confiables para enfrentar la realidad.
La entrada HABLEMOS DE LA TELE. Descrédito y desconfianza se publicó primero en El Siglo.
El periodismo ha sido arrinconado a los comentarios y opiniones desenfadadas de locutores, conductores, panelistas y periodistas (que no es lo mismo) que se confunden con analistas, politólogos y activistas…
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El periodismo ha sido arrinconado a los comentarios y opiniones desenfadadas de locutores, conductores, panelistas y periodistas (que no es lo mismo) que se confunden con analistas, politólogos y activistas políticos ante las cámaras.
José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 03/11/2026. Es probable que hoy en día cada vez más gente vea televisión por streaming, Youtube y otras plataformas, pero aún subsiste el tradicional televidente de canales abiertos, que ni siquiera tienen acceso a Cable. Es la que más sufre con la uniformidad, la parcialidad de las informaciones y la homogeneidad de esquemas para la diversión, el turismo, la gastronomía y la “cultura” disfrazada en espacios insulsos y sin sentido.
El periodismo ha sido arrinconado a los comentarios y opiniones desenfadadas de locutores, conductores, panelistas y periodistas (que no es lo mismo) que se confunden con analistas, politólogos y activistas políticos ante las cámaras.
Las pautas diarias de prensa -coordinadas desde El Mercurio, Canal 13 y radio Biobío- se distribuyen en todas las emisoras con su mensaje sensacionalista, individualista, consumista, morboso y ramplón con que probablemente conquistarían rating y publicidad.
El problema es básicamente cultural y ético. Conocer, aquilatar, definir y tomar posturas ante los acontecimientos exigiría mayor y mejor cobertura periodística y convencer o asumir como verdades ciertos hechos que bien pesquisados y relatados demandarían mayor profundidad, exactitud, veracidad y confianza, características de las cuales carece hoy en día el trabajo noticioso de los canales de televisión en nuestro país.
La repetición de imágenes de archivo y las coberturas tendenciosas convierten a las “informaciones” entregadas por medios audiovisuales en mensajes equívocos, interesados y proclives a la reafirmación de una realidad paralela que sólo le interesa al mensajero y no al receptor del mensaje. Por ello escuchamos agradecimientos entre lectores y reporteros y la rotunda afirmación: “Hemos quedado absolutamente informados”.
No hablamos sólo de contenidos políticos, sino también de atisbos culturales, de entretenimiento y de arte o lo que se entienda como tal. La mediocridad, la carencia de creatividad y los intereses creados contribuyen a la uniformidad del mensaje y a la hegemonía del pensamiento desde los medios de comunicación.
La idea sería no ver más televisión, desconocer valor a las imágenes y sonidos que entrega este medio, pero ello sería también desconocer una realidad. Las noticias que propalan los canales son “verdad”, aunque antojadizas, interesadas, tendenciosas.
Los televidentes no son objetivos y no parecen dispuestos a aceptar cualquier mensaje. Es el caso de la “violencia” publicitada hasta la saciedad en caso de manifestaciones públicas de protesta, donde los canales recurren hasta imágenes de archivo para ilustrar acontecimientos demandantes. El derecho humano a la comunicación exige veracidad, exactitud y confianza, tres características esenciales de las que carece el periodismo televisivo actual.
La televisión abierta, el Cable, streaming, Tiktok, podcast y cualquier otra plataforma digital carecen hoy en día de la más mínima credibilidad por sus compromisos políticos y publicitarios con el poder real. El mensaje unívoco de estos medios conducirá tarde o temprano al descrédito y la búsqueda de fuentes más confiables para enfrentar la realidad.
Cultura archivos – El Siglo
