En un vetusto club de barrio de Montevideo, entre atrezzo y el desorden exquisito característico de un refugio de actores, Camilo, el joven director de la Murga “Jorge», me explicó ayer que fue en 2020, en el ojo del huracán de la pandemia, cuando todo comenzó. Mientras el mundo se detenía, un grupo de amigos veinteañeros decidió dar el primer paso.
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Por: Orestes Hernández Hernández
En este artículo: Bloqueo, Bloqueo contra Cuba, Cuba, Cultura, Montevideo, Solidaridad, Teatro, Uruguay
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Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario. Foto: Del autor
En un vetusto club de barrio de Montevideo, entre atrezzo y el desorden exquisito característico de un refugio de actores, Camilo, el joven director de la Murga “Jorge», me explicó ayer que fue en 2020, en el ojo del huracán de la pandemia, cuando todo comenzó. Mientras el mundo se detenía, un grupo de amigos veinteañeros decidió dar el primer paso.
Cristian Rodríguez (Killy) e Iván Martínez salieron de otra murga con una idea loca: fundar su propio conjunto.
No había experiencia previa para la mayoría, pero sobraban ganas de juntarse, crear y encontrar un refugio en medio de tanta incertidumbre.
Le pusieron “Jorge”, un nombre directo y llamativo que no pertenecía a ninguno de sus integrantes, con esa impronta de los jóvenes de no dar rodeos, y sin saberlo, estaban dando vida a una familia .
Desde aquellos primeros que se volvieron un sostén emocional, la murga “Jorge”, me cuenta con emoción Camilo, aprendió a sortear obstáculos con ingenio y solidaridad. Sin festivales por la crisis sanitaria, financiaron su primera salida a puro pulmón: rifas y, en un acto de fe y esperanza confeccionaron sus primeros trajes, con retazos de su propia ropa, encerrados por horas en el club que entonces les servía de refugio.
Esa autogestión y el apoyo mutuo frente a las adversidades forjaron la base de lo que son hoy: un colectivo donde el lazo humano es tan importante como el artístico .
Ese espíritu de superación los llevó a destacarse en el Encuentro de Murga Joven, ganando en 2022 y 2023, y a dar el salto al Carnaval mayor.
Pero la esencia no cambió.
En cada actuación, narra Camilo con esa rapidez al hablar que parece no dejar nada fuera de la historia, debutaron en el Teatro de Verano, con la emoción a flor de piel y los abrazos cómplices recuerdan que, pase lo que pase, “somos los mismos” .
Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario.
Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario. Foto: Del autor
Ayer, en su centro de encuentro, la murga “Jorge” nos recibió con los brazos abiertos y reafirmó su compromiso con una causa que les late fuerte: la solidaridad con Cuba.
En un gesto que hermana pueblos desde el arte y la convicción, estos jóvenes murguistas demostraron que la familia que formaron no tiene fronteras, y que su canto, nacido del esfuerzo compartido, también se alza en apoyo a la nuestra isla.
La misma fuerza que los unió en la adversión es la que ahora los impulsa a tender puentes de hermandad y resistencia cultural.
Fui testigo de esa esencia anoche. Acompañé a la murga por invitación de Camilo, y el gesto de recibirme ya fue una muestra de su generosidad.
Viajamos juntos en la guagua (colectivo o piscina segun la jerga local) que nos llevó hasta el club de Las Acacias, el barrio donde iban a actuar.
Durante el trayecto, entre risas y repasos de letras, se respiraba ese carácter juvenil y solidario que identifica a los barrios de Montevideo, esa calidez popular que hace del carnaval una fiesta de todos.
Cuando llegamos al club, el lugar ya vibraba. La gente los esperaba con expectativa, y desde el primer acople se notaba el cariño del público.
Luego, hubo un momento que quedó grabado a fuego, al menos en mi condición de cubano.
En un instante de la actuación, el redoblante dió paso al habla. El golpe seco interrumpió por un segundo la música, y entonces ocurrió algo mágico: se hizo un silencio impresionante.
Camilo tomó la palabra. Con el cuerpo palpitante por el ritmo, pero con una serenidad que imponía respeto, leyó el saludo al pueblo de Cuba.
Su voz denunció la política de asfixia del gobierno de Estados Unidos contra la isla, y en cada frase se sentía el eco de una murga que no solo canta por cantar, sino que entiende el arte como un puente de solidaridad entre los pueblos.
El público escuchó en silencio, y al terminar, otro aplauso cerrado confirmó que ese mensaje también era de ellos.
Y yo, que tuve el privilegio de acompañarlos, pude verlo de cerca: su canto, nacido del esfuerzo compartido, también se alza en apoyo a nuestra isla. Porque cuando el redoblante late y el silencio se vuelve cómplice, lo que sigue no es solo música: es abrazo, es lucha, es pueblo.
Que alguien le diga a Trump que #CubaNoEstáSola
Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario. Foto: Del autor
Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario. Foto: Del autor
Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario. Foto: Del autor
Y es precisamente esa identidad, construida sobre la base de la contención y la lucha colectiva, la que los lleva a mirar más allá de su propio escenario. Foto: Del autor
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