Por: Alan Flores Ramos

Un libro nacido de cartas íntimas que convirtió el deseo, la violencia, el amor romántico y sus contradicciones en una conversación que sigue abierta
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – La noche anterior al cierre del concurso, Marisabel Macías Guerrero escribió el último relato de Penny Black. Lo nombró “Posdata”. Las personas que la habían acompañado en la revisión del manuscrito le recomendaron no incluirlo: no había tiempo para corregirlo. Ella decidió ponerlo de todas formas.
Esa madrugada también encontró el nombre para el libro. Entre cartas, correos electrónicos viejos, anotaciones de diarios y “botellas arrojadas al mar” apareció Penny Black, tal como se llamó al primer sello postal adhesivo de la historia. Antes de convertirse en libro, el manuscrito tenía el impulso de negarse a seguir guardado.

Premio Estatal de Cuento Ciudad de La Paz
La obra ganó en 2014 el Premio Estatal de Cuento Ciudad de La Paz y fue publicada en 2016. Una década después, su autora vuelve a esas páginas para discutir con ellas, reconocer lo que representan y preguntarse qué ha cambiado en la forma en que las mujeres viven y narran su deseo.
“Todavía incomoda que lo hagamos a nuestra manera, que hablemos de nuestros deseos desde la experiencia y desafiando lo que se espera que deseemos las mujeres”, afirma en entrevista para Diario Humano.
También conocida como Mar Guerrero, nació en Los Mochis, Sinaloa y comenzó a escribir algunos de los textos de Penny Black cuando tenía 18 o 19 años. Eran mensajes dirigidos a amores perdidos, cartas, apuntes personales y fragmentos que con el tiempo revelaron un hilo común.
No todas las historias son sexuales, aclara, pero sí pertenecen a una dimensión erótica atravesada por la soledad, la muerte, el abandono y la necesidad de entrar en contacto con alguien más.
“¿Tú eres Penny Black?”
El título terminó por nombrar también a la mujer que aparece, de distintas formas, en los 11 relatos. Penny Black dejó de ser únicamente el nombre de la obra para convertirse en un pseudónimo que la conecta con la mujer que aparece entre la experiencia y la ficción que escribe, desea, espera, pierde y busca ser escuchada.
En la memoria de Marisabel hay anécdotas de quienes habían reconocido a Penny Black no solo como el título del libro, sino como ella misma con el nombre que no se dice los cuentos y reconoce que alguna vez un reportero le preguntó “¿Tú eres Penny Black?”. También hubo quienes le enviaban “mensajes” con ella.
Censura y crítica hacia la mujer que narra placer
Publicar estas historias significó también exponerse al juicio público. Recuerda durante la entrevista que uno de los comentarios que aparecieron cuando el libro comenzó a circular fue: “Ella no es escritora, ella comparte sus anécdotas sexuales”.
La frase cuestionaba la calidad de su literatura y reducía su obra a una exhibición personal. Incluso, ponía en duda el derecho de una mujer a transformar su intimidad en escritura.
El rechazo también llegó desde una institución educativa. El 1 de noviembre de 2015, quien firma esta nota publicó en el medio local El Informante de Baja California Sur una denuncia pública presentada por Marisabel Macías contra la dirección del Instituto Tecnológico Superior de Mulegé (Itesme), después de que se impidiera la lectura de un adelanto de Penny Black en la Sala de Lectura Espíritu Literario.
En aquel momento, la escritora declaró que le habían informado que no parecía “pertinente” que estudiantes de la institución escucharan cuentos eróticos. La difusión previa de la actividad, consideró entonces, había provocado incomodidad entre las autoridades del plantel.
La presentación tenía fecha, horario y sede: estaba programada para el 9 de noviembre de 2015, a las 10:00 horas, dentro del Itesme de Santa Rosalía. Formaba parte de una gira coordinada por el Club de Lectura Santa Rosalía y el Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC), que también contemplaba actividades en la Biblioteca Mahatma Gandhi y con estudiantes del Colegio de Bachilleres (Cobach) plantel 06.
Macías sostuvo entonces que un relato erótico no es sinónimo de pornografía. La propuesta de Penny Black, explicó, buscaba desmitificar el erotismo y abordarlo desde otras dimensiones, entre ellas la soledad, la muerte, la necesidad del otro y la exploración personal.
Pese a la cancelación, la autora se mantenía dispuesta a acudir al encuentro, bajo la condición de que se le permitiera hablar con los estudiantes sobre la censura y preguntar por qué el erotismo era considerado un tema inapropiado dentro de una institución de educación superior.
En esta entrevista realizada para Diario Humano una década después, Mar recuerda que, tras hacerse público el caso, el Itesme negó que hubiera existido una invitación y se afirmó que ella había pretendido presentarse por cuenta propia. La escritora describe esa reacción como una forma de gaslighting pública, pues la actividad había sido incorporada a un programa con sedes, horarios y organizaciones responsables.
La lectura finalmente no se realizó, pero el intento por silenciarla le abrió más espacios. En el norte del estado encontró nuevas invitaciones y fortaleció su vínculo con la promotora de lectura Patricia Valenzuela. También fue recibida por grupos de mujeres que se reunían en patios de colonias populares, alrededor del café y de la posibilidad (todavía poco frecuente) de hablar sobre deseo, sexualidad y afectos.
Diez años después…
Diez años después, la autora reconoce que no escribiría Penny Black de la misma manera. Al releerlo encuentra pasajes que considera insuficientes, historias a las que les falta contexto y una escritura que alguna vez fue descrita por alguna crítica literaria como desparpajada y fragmentaria.
“Ahora entiendo que tenían razón: mi escritura era desparpajada y fragmentaria. Pero así era mi vida y así era yo”, expresa.
La fragmentación deja entonces de ser solamente un tema literario y aparece como una huella marcada por la urgencia de sobrevivir en diferentes etapas de su vida. Durante sus años universitarios, Mar nos comparte sus dificultades económicas y periodos en los que no contó con un lugar estable para vivir, por lo que dependió de redes de apoyo integradas por amistades y docentes. Otros aspectos de aquellos años, algunos relacionados con su familia, permanecen en el terreno de lo privado.
Parte de esos silencios aparece de manera indirecta en el libro. En “El Castillo”, por ejemplo, un novio interna mediante engaños a la protagonista en un hospital psiquiátrico. El relato no explica todo lo ocurrido ni pretende hacerlo. Su contención permite observar que, en ocasiones, la literatura se aproxima a ciertas experiencias antes de que existan las palabras necesarias para nombrarlas por completo.
Cuentos destacados

Su relectura impide presentar Penny Black como un manifiesto feminista sin contradicción. Ella misma reconoce que en sus páginas conviven la autonomía y también el deseo de ser salvada; la libertad sexual y el amor romántico; la búsqueda del placer y la espera de un hombre que dé sentido a la existencia.
La propia autora reconoce que durante años le avergonzó encontrar en el libro ese amor romántico “a tope”.
Ahora considera que mantener esas contradicciones visibles permite discutir cómo las mujeres continúan vinculándose con los hombres y qué permanece de la heterosexualidad obligatoria, la distribución desigual de los cuidados, los chantajes sexuales y la responsabilidad afectiva.
Los relatos “Insight” e “Hysteria” se acercan a la violencia sexual que ocurre dentro de las familias y que con frecuencia se conserva como secreto. “Castiguemos a las niñas malas” observa el castigo social dirigido contra las mujeres que pretenden ejercer su libertad sexual. Incluso “Me masturbo, luego existo”, es uno de los textos que ahora no gustan a la propia autora, pero confiesa que guarda la capacidad de cuestionar la relación de las mujeres con su cuerpo, el derecho a ponerlo en palabras y nombrar al placer.
“Mis tres encuentros con la muerte” conserva un lugar especialmente íntimo para Marisabel. El texto recupera la muerte de su abuela, ocurrida cuando ella tenía siete años, y el momento en que comprendió por primera vez que su propia existencia también tendría un final. Más que registrar su pérdida, el cuento conserva la idea de una niña ante la idea de que alguien puede dejar de sentir y desaparecer para siempre. “¿Cómo será no sentir nada?”, se preguntaba entonces. La interrogante la acompañó durante años y convirtió a la muerte, hasta ese momento abstracta, en uno de sus temores más persistentes. Por eso, el relato sigue siendo especial: además de nombrar a su nana, guarda el instante preciso en que la conciencia de la muerte entró en su vida.
Penny Black sigue vigente

Para Macías, la vigencia del libro reside en esas preguntas que considera, siguen pendientes. Pese a la expansión del feminismo durante la última década, reconoce que permanecen la doble moral, los estigmas y los silencios alrededor de la vida sexual y afectiva. Lo privado, sostiene, continúa atravesado por relaciones políticas y de poder.
Su reflexión no pretende colocar nuevamente a los hombres en el centro, pero tampoco excluirlos de la conversación. La autora mantiene relaciones sexoafectivas heterosexuales y considera necesario que tanto mujeres como varones examinen las formas en que construyen el amor, reparten los cuidados y reproducen distintas violencias dentro de sus vínculos.
A esa discusión se incorpora ahora una dimensión de clase. Después de una separación, explica que sus condiciones económicas y sus círculos sociales se modificaron. Algunas amistades no permanecieron cuando cambiaron sus posibilidades de viajar, asistir a actividades culturales o sostener el mismo ritmo de vida. La experiencia, explica, refuerza su convicción de que la conciencia de clase también debe formar parte de los vínculos afectivos, las amistades y las colectividades feministas.
Una invitación especial a la CDMX

El décimo aniversario de Penny Black será celebrado el sábado 8 de agosto, de las 18:00 a las 22:00 horas, en Tallera Casa Pil, ubicada en Antonio León y Gama 21, colonia Obrera, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Define la presentación como una fiesta y un diálogo creativo alrededor del libro, en la ciudad que actualmente habita la autora.
Diez mujeres invitadas tomarán un relato, una idea o una sensación de la obra para reinterpretarla mediante poesía, música, performance y otras disciplinas. Entre las participantes anunciadas se encuentran Natalia Asiain, Cynthia Graps, Yadira del Mar, Velia Evan, Arely Eunice, Marianela Baltazar, Gabriela Bistrain Meza e Ixtli Contreras. También habrá obra donada por artistas para una rifa y una mesa colectiva en la que las personas asistentes podrán compartir alimentos.
La celebración ocurre mientras Macías trabaja en dos nuevos proyectos: Ternura Feroz, un recetario que contiene una sola receta de cocina y otras de carácter erótico, filosófico, literario y vital, y la segunda parte de Las Hedonistas, surgida de sus experiencias recientes en la red social Bumble y de su observación sobre las relaciones mediadas por las plataformas digitales.
Pero antes de esos libros está el regreso a la mujer que escribió Penny Black. Una mujer que dejó en cartas, correos y relatos la necesidad de comunicarse con alguien más para no sentirse sola. Aquellas palabras serán pronunciadas, intervenidas y discutidas por otras voces.
“No he estado hablando sola”, termina Marisabel Macías.
Quizá ese sea el verdadero sentido de volver diez años atrás: comprobar que la correspondencia llegó debidamente al destinatario.
La entrada Marisabel Macías: Penny Black cumple diez años de narrar el deseo se publicó primero en Diario Humano.
Por: Alan Flores Ramos
Un libro nacido de cartas íntimas que convirtió el deseo, la violencia, el amor romántico y sus contradicciones en una conversación que sigue abierta Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – La noche anterior al cierre del concurso, Marisabel Macías Guerrero escribió el último relato de Penny Black. Lo nombró “Posdata”. Las personas
La entrada Marisabel Macías: Penny Black cumple diez años de narrar el deseo se publicó primero en Diario Humano.
Por: Alan Flores Ramos

Un libro nacido de cartas íntimas que convirtió el deseo, la violencia, el amor romántico y sus contradicciones en una conversación que sigue abierta
Diario Humano | La Paz, Baja California Sur. – La noche anterior al cierre del concurso, Marisabel Macías Guerrero escribió el último relato de Penny Black. Lo nombró “Posdata”. Las personas que la habían acompañado en la revisión del manuscrito le recomendaron no incluirlo: no había tiempo para corregirlo. Ella decidió ponerlo de todas formas.
Esa madrugada también encontró el nombre para el libro. Entre cartas, correos electrónicos viejos, anotaciones de diarios y “botellas arrojadas al mar” apareció Penny Black, tal como se llamó al primer sello postal adhesivo de la historia. Antes de convertirse en libro, el manuscrito tenía el impulso de negarse a seguir guardado.

Premio Estatal de Cuento Ciudad de La Paz
La obra ganó en 2014 el Premio Estatal de Cuento Ciudad de La Paz y fue publicada en 2016. Una década después, su autora vuelve a esas páginas para discutir con ellas, reconocer lo que representan y preguntarse qué ha cambiado en la forma en que las mujeres viven y narran su deseo.
“Todavía incomoda que lo hagamos a nuestra manera, que hablemos de nuestros deseos desde la experiencia y desafiando lo que se espera que deseemos las mujeres”, afirma en entrevista para Diario Humano.
También conocida como Mar Guerrero, nació en Los Mochis, Sinaloa y comenzó a escribir algunos de los textos de Penny Black cuando tenía 18 o 19 años. Eran mensajes dirigidos a amores perdidos, cartas, apuntes personales y fragmentos que con el tiempo revelaron un hilo común.
No todas las historias son sexuales, aclara, pero sí pertenecen a una dimensión erótica atravesada por la soledad, la muerte, el abandono y la necesidad de entrar en contacto con alguien más.
“¿Tú eres Penny Black?”
El título terminó por nombrar también a la mujer que aparece, de distintas formas, en los 11 relatos. Penny Black dejó de ser únicamente el nombre de la obra para convertirse en un pseudónimo que la conecta con la mujer que aparece entre la experiencia y la ficción que escribe, desea, espera, pierde y busca ser escuchada.
En la memoria de Marisabel hay anécdotas de quienes habían reconocido a Penny Black no solo como el título del libro, sino como ella misma con el nombre que no se dice los cuentos y reconoce que alguna vez un reportero le preguntó “¿Tú eres Penny Black?”. También hubo quienes le enviaban “mensajes” con ella.
Censura y crítica hacia la mujer que narra placer
Publicar estas historias significó también exponerse al juicio público. Recuerda durante la entrevista que uno de los comentarios que aparecieron cuando el libro comenzó a circular fue: “Ella no es escritora, ella comparte sus anécdotas sexuales”.
La frase cuestionaba la calidad de su literatura y reducía su obra a una exhibición personal. Incluso, ponía en duda el derecho de una mujer a transformar su intimidad en escritura.
El rechazo también llegó desde una institución educativa. El 1 de noviembre de 2015, quien firma esta nota publicó en el medio local El Informante de Baja California Sur una denuncia pública presentada por Marisabel Macías contra la dirección del Instituto Tecnológico Superior de Mulegé (Itesme), después de que se impidiera la lectura de un adelanto de Penny Black en la Sala de Lectura Espíritu Literario.
En aquel momento, la escritora declaró que le habían informado que no parecía “pertinente” que estudiantes de la institución escucharan cuentos eróticos. La difusión previa de la actividad, consideró entonces, había provocado incomodidad entre las autoridades del plantel.
La presentación tenía fecha, horario y sede: estaba programada para el 9 de noviembre de 2015, a las 10:00 horas, dentro del Itesme de Santa Rosalía. Formaba parte de una gira coordinada por el Club de Lectura Santa Rosalía y el Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC), que también contemplaba actividades en la Biblioteca Mahatma Gandhi y con estudiantes del Colegio de Bachilleres (Cobach) plantel 06.
Macías sostuvo entonces que un relato erótico no es sinónimo de pornografía. La propuesta de Penny Black, explicó, buscaba desmitificar el erotismo y abordarlo desde otras dimensiones, entre ellas la soledad, la muerte, la necesidad del otro y la exploración personal.
Pese a la cancelación, la autora se mantenía dispuesta a acudir al encuentro, bajo la condición de que se le permitiera hablar con los estudiantes sobre la censura y preguntar por qué el erotismo era considerado un tema inapropiado dentro de una institución de educación superior.
En esta entrevista realizada para Diario Humano una década después, Mar recuerda que, tras hacerse público el caso, el Itesme negó que hubiera existido una invitación y se afirmó que ella había pretendido presentarse por cuenta propia. La escritora describe esa reacción como una forma de gaslighting pública, pues la actividad había sido incorporada a un programa con sedes, horarios y organizaciones responsables.
La lectura finalmente no se realizó, pero el intento por silenciarla le abrió más espacios. En el norte del estado encontró nuevas invitaciones y fortaleció su vínculo con la promotora de lectura Patricia Valenzuela. También fue recibida por grupos de mujeres que se reunían en patios de colonias populares, alrededor del café y de la posibilidad (todavía poco frecuente) de hablar sobre deseo, sexualidad y afectos.
Diez años después…
Diez años después, la autora reconoce que no escribiría Penny Black de la misma manera. Al releerlo encuentra pasajes que considera insuficientes, historias a las que les falta contexto y una escritura que alguna vez fue descrita por alguna crítica literaria como desparpajada y fragmentaria.
“Ahora entiendo que tenían razón: mi escritura era desparpajada y fragmentaria. Pero así era mi vida y así era yo”, expresa.
La fragmentación deja entonces de ser solamente un tema literario y aparece como una huella marcada por la urgencia de sobrevivir en diferentes etapas de su vida. Durante sus años universitarios, Mar nos comparte sus dificultades económicas y periodos en los que no contó con un lugar estable para vivir, por lo que dependió de redes de apoyo integradas por amistades y docentes. Otros aspectos de aquellos años, algunos relacionados con su familia, permanecen en el terreno de lo privado.
Parte de esos silencios aparece de manera indirecta en el libro. En “El Castillo”, por ejemplo, un novio interna mediante engaños a la protagonista en un hospital psiquiátrico. El relato no explica todo lo ocurrido ni pretende hacerlo. Su contención permite observar que, en ocasiones, la literatura se aproxima a ciertas experiencias antes de que existan las palabras necesarias para nombrarlas por completo.
Cuentos destacados

Su relectura impide presentar Penny Black como un manifiesto feminista sin contradicción. Ella misma reconoce que en sus páginas conviven la autonomía y también el deseo de ser salvada; la libertad sexual y el amor romántico; la búsqueda del placer y la espera de un hombre que dé sentido a la existencia.
La propia autora reconoce que durante años le avergonzó encontrar en el libro ese amor romántico “a tope”.
Ahora considera que mantener esas contradicciones visibles permite discutir cómo las mujeres continúan vinculándose con los hombres y qué permanece de la heterosexualidad obligatoria, la distribución desigual de los cuidados, los chantajes sexuales y la responsabilidad afectiva.
Los relatos “Insight” e “Hysteria” se acercan a la violencia sexual que ocurre dentro de las familias y que con frecuencia se conserva como secreto. “Castiguemos a las niñas malas” observa el castigo social dirigido contra las mujeres que pretenden ejercer su libertad sexual. Incluso “Me masturbo, luego existo”, es uno de los textos que ahora no gustan a la propia autora, pero confiesa que guarda la capacidad de cuestionar la relación de las mujeres con su cuerpo, el derecho a ponerlo en palabras y nombrar al placer.
“Mis tres encuentros con la muerte” conserva un lugar especialmente íntimo para Marisabel. El texto recupera la muerte de su abuela, ocurrida cuando ella tenía siete años, y el momento en que comprendió por primera vez que su propia existencia también tendría un final. Más que registrar su pérdida, el cuento conserva la idea de una niña ante la idea de que alguien puede dejar de sentir y desaparecer para siempre. “¿Cómo será no sentir nada?”, se preguntaba entonces. La interrogante la acompañó durante años y convirtió a la muerte, hasta ese momento abstracta, en uno de sus temores más persistentes. Por eso, el relato sigue siendo especial: además de nombrar a su nana, guarda el instante preciso en que la conciencia de la muerte entró en su vida.
Penny Black sigue vigente

Para Macías, la vigencia del libro reside en esas preguntas que considera, siguen pendientes. Pese a la expansión del feminismo durante la última década, reconoce que permanecen la doble moral, los estigmas y los silencios alrededor de la vida sexual y afectiva. Lo privado, sostiene, continúa atravesado por relaciones políticas y de poder.
Su reflexión no pretende colocar nuevamente a los hombres en el centro, pero tampoco excluirlos de la conversación. La autora mantiene relaciones sexoafectivas heterosexuales y considera necesario que tanto mujeres como varones examinen las formas en que construyen el amor, reparten los cuidados y reproducen distintas violencias dentro de sus vínculos.
A esa discusión se incorpora ahora una dimensión de clase. Después de una separación, explica que sus condiciones económicas y sus círculos sociales se modificaron. Algunas amistades no permanecieron cuando cambiaron sus posibilidades de viajar, asistir a actividades culturales o sostener el mismo ritmo de vida. La experiencia, explica, refuerza su convicción de que la conciencia de clase también debe formar parte de los vínculos afectivos, las amistades y las colectividades feministas.
Una invitación especial a la CDMX

El décimo aniversario de Penny Black será celebrado el sábado 8 de agosto, de las 18:00 a las 22:00 horas, en Tallera Casa Pil, ubicada en Antonio León y Gama 21, colonia Obrera, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Define la presentación como una fiesta y un diálogo creativo alrededor del libro, en la ciudad que actualmente habita la autora.
Diez mujeres invitadas tomarán un relato, una idea o una sensación de la obra para reinterpretarla mediante poesía, música, performance y otras disciplinas. Entre las participantes anunciadas se encuentran Natalia Asiain, Cynthia Graps, Yadira del Mar, Velia Evan, Arely Eunice, Marianela Baltazar, Gabriela Bistrain Meza e Ixtli Contreras. También habrá obra donada por artistas para una rifa y una mesa colectiva en la que las personas asistentes podrán compartir alimentos.
La celebración ocurre mientras Macías trabaja en dos nuevos proyectos: Ternura Feroz, un recetario que contiene una sola receta de cocina y otras de carácter erótico, filosófico, literario y vital, y la segunda parte de Las Hedonistas, surgida de sus experiencias recientes en la red social Bumble y de su observación sobre las relaciones mediadas por las plataformas digitales.
Pero antes de esos libros está el regreso a la mujer que escribió Penny Black. Una mujer que dejó en cartas, correos y relatos la necesidad de comunicarse con alguien más para no sentirse sola. Aquellas palabras serán pronunciadas, intervenidas y discutidas por otras voces.
“No he estado hablando sola”, termina Marisabel Macías.
Quizá ese sea el verdadero sentido de volver diez años atrás: comprobar que la correspondencia llegó debidamente al destinatario.
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